La primera función del cuerpo es la de deshacerse de todos los elementos que no son necesarios para su supervivencia o que están afectando su equilibrio. Un cuerpo sano tiene la sensibilidad de reconocer lo que es dañino y eliminarlo. Naturalmente sufrimos de diarrea, vómito, fiebre después de una intoxicación alimentaría. La fiebre tiene efectos significantemente beneficiosos. Si es usada apropiadamente, puede estimular la circulación linfática, levantar la respuesta del sistema inmunológico, regenerar células, acelerar el metabolismo y curar la mayoría de las enfermedades.
El cuerpo humano se autorregula constantemente, pero la expresión vigorosa de esta capacidad, sólo es posible en un cuerpo sano.
Un cuerpo sano posee elasticidad interior, es decir un amplio poder de contracción y distensión.
Según el deporte que practicamos, o debido a nuestra profesión, el uso del cuerpo es diferente. También sabemos que haciendo la misma cosa, según la persona, el cansancio se manifiesta de manera distinta. Por ejemplo, tras estar sentados largo tiempo frente al ordenador, algunas personas sienten molestias en los hombros, otras en el cuello, en la cintura o en las piernas, etc.
Vemos que hay un uso parcial del cuerpo, propio de cada persona, que obedece a una predisposición individual y que, de hecho, actúa constantemente.
La manera de sentir, de expresarnos, de percibir y reaccionar ante el mundo, de concentrar y dispersar la energía, de cansarnos, es inseparable de esta participación corporal, tanto de la más visible (la postura que adoptamos) como de la menos (el movimiento interno de los tejidos). El uso parcial del cuerpo, genera una tensión parcial que se localiza en unas zonas bien concretas. Cuando esta tensión se hace excesiva, cuando se va acumulando, y espontáneamente no se resuelve con el descanso y el sueño, entonces se vuelve problemática.
Favorecer la resolución de la tensión parcial excesiva (principal factor interno de la enfermedad) es un objetivo del Seitai.